sábado, octubre 22



Resulta una contradicción que con todo lo que hay dentro, los dedos se queden mudos ante el papel.
A veces las palabras juegan al escondite y cuesta un mundo encontrarlas, darle un sentido o un diccionario a lo que sucede bajo la piel.
Y es extraño que donde ahora contemplas un desierto se expandiera ayer un jardín.
Cuando parece que no cuesta nada la contradicción es otra, pues consigues expresarte pero todas las palabras del mundo son pocas, porque hay algo más inmenso que parece no caber en tu piel.
Ni las palabras de amor son bálsamo para el amor.
Ni las memorias de la tristeza alivian la tristeza.
Ni la alegría en verso es tan grande como la propia alegría.
Siempre se deja algo dentro, como si a medida que añadieras rincones al mapa de tu alma, crecieran los rincones para los que no hay brújula ni guía.
Como si necesitara salir de la jaula del cuerpo , todo lo que grita adentro.
Todo lo que llora.
Todo lo que ríe.
Todo lo que rabia.
Todo lo que baila.
Como si las palabras fueran apenas rasguños, cosquillas, suspiros en la piel de lo inefable.
No sé si entre sequía y sequía hay que preparar los resquicios baldíos para cuando vuelva a llover.
Ignoro cuántos naufragios me esperan mientras me debato entre conjugar escribir como un hábito de buscar las palabras o como una necesidad de encontrarlas.
No sé si los espejos son espejos cuando nadie se mira.
Pero supongo que las estrellas no se apreciarían así si no hubiese espacios vacíos entre ellas.

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 Los recuerdos son espejos  de las cosas  como eran