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viernes, marzo 9

El corazón es un estado de la mente, un revolverse el pensamiento, una región cerebral con oficina de correos entre el estómago y el pecho.
El alma es una melodía de la mente emocional, un ritmo a veces raro de bailar en que los pasos hacen eco, un cajón de imágenes desordenadas, la metáfora de una marea imprevisible.
El corazón, como el viento, es invisible y su prueba también son las cosas al moverse, un mito de los ojos como espejo, un verbo de acción en que el cuerpo no siempre es suficiente.
El corazón es un truco de magia que hace aparecer y desaparecer la lluvia, una chistera de fondo infinito, un bastidor donde te cambias de traje, un amasijo de dudas y certezas.
Un hablador que guarda silencio.
Un observador que estalla en risas.
Un niño curtido en la batalla.
Un hombre que se olvida de jugar.
Un viejo sabio.
Un joven ingenuo.
Un idioma que como palabras usa latidos.
Puede que sí.
Que los ojos sean el espejo del alma.
Lo que no tengo tan claro es si reflejan el alma de quien los lleva o el estado de quien los mira.
Si vengo cargado de paraguas, tal vez quiera ver lluvia para no perder el viaje.
Si traigo en mi espalda el desierto, acaso sean invisibles tus ríos y hojarascas, tus árboles caídos, los ecos que te habitan. 
Puede que sea un mito eso de los ojos, o que al leerlos nos percatemos de que lo escrito en ellos esté lleno de dobles sentidos, de entrelíneas, de moralejas subjetivas, de silencios que, sin avisar, cortan el hilo de una historia.
Puede, que a veces nos obstinemos en adaptar lo que leemos a lo que creíamos saber, a lo que, a fin de cuentas, queremos ver.
Si me miras puede que te escuche más. 
Si me hablas quizá te vea mejor.
Si estás cerca será más fácil oler tus horizontes.
Si sé de tus caídas, podré aprender una manera distinta de volar.
Si te miro sabrás que no es solo mi presencia lo que hay de mí aquí.
Si te escucho, pero no solo con cara de escucharte, sin juicios ni prejuicios, con el silencio y la atención despiertos para saborear tus palabras, entenderás que a veces más, a veces menos, te entiendo.
Verás que también yo llevo en los pies alas y piedras.
Que el suelo que pisamos es el mismo, aunque difieran el peso de los pasos, y la forma de andar.
Brújulas cuyas agujas, para centrarse, deben a veces perder el norte.
Dos silencios marcan los límites de la vida.
Nosotros somos ruidos buscando ser música, y al bailar, dejar alguna huella.
Es extraño. Todos decimos saber más de lo que sabemos y ser menos frágiles de lo que somos.
Nadie nos la cuela y nada nos afecta.
Reconocemos menos la fragilidad adivinable que la experiencia indemostrable.
Corazas. Veo corazas. Y la primera en mi espejo.
Proclamando ser tan fuertes pulimos la corteza que nos solapa la debilidad.
Repetimos al oído ajeno nuestra entereza, nuestra seguridad, lo que sabemos.
No solemos reconocer lo que ignoramos.
Y es curioso. Porque está claro que hace falta gente lista, pero de lo que hay crisis es de sensibilidad. Si congeniamos es más por lo que somos, por una forma más o menos afín de ser lo mismo de forma distinta.
Donde hay escudos es que hay algo que defender.
Donde hay cortinas, es para tapar espejos que nos reflejen, que nos hagan visibles, que nos descubran.
Más seguro es no mostrarnos, conjugarnos con el verbo deber, calibrando las palabras y las poses, para parecernos a nuestra imagen más de lo que nuestra imagen debiera parecerse a nosotros.

jueves, octubre 6



Y a veces la vida es eso: un ruido que no entiendes y al que intentas cazar el ritmo.

Un eco cuya voz persigues y no siempre percibes.

Una señal que solo después sabrás si era una señal.

Y a veces la vida es eso: saber esperar a pesar de ir comprendiendo mejor que a cada segundo pisamos más rápido el tiempo; querer despegar cuando los consejos en la espalda y el peso de los pies sobre la tierra te sujetan las alas.

Y a veces la vida es eso: percatarse de pronto.
Y a veces la vida es eso: no encontrar explicación.


Cuánto de lo invisible es no obstante demostrable.

Veo las cosas movidas por el viento, pero no puedo ver al viento moviendo las cosas. Ese viento que es la entrada en furia del mismo aire que respiras sin notarlo y cuya ausencia tanto notas cuando te falta.
No notas pasar el tiempo que en tu espejo descubres que voló y cuyas pruebas ponen en duda tus ojos que siguen siendo los mismos que hace tanto..
Lo que tú eres no se ve y tienes, para bosquejarlo, sonrisas, muecas, pinceles, gestos, palabras y música, y dentro de tu piel son más profundas las huellas de pasos más lentos.
Sobre todo pasas tú. El tiempo ya estaba antes que tú y cuando no estés sigue.
Inaudible el silencio cuya presencia prueban tus oidos.
Invisible la memoria cuya herencia son los recuerdos.
Inapreciables las heridas metafóricas cuyo escozor se siente de verdad, sin diccionario que las convierta en verso o autobiografía.
Demostrable que naciste aunque no lo recuerdes, cierto que al irte no podrás contarlo.

lunes, junio 6

Y ahora vengo a descubrir que a veces los oídos son más precisos que los ojos para ver al otro, que una mano en el hombro, a tiempo, adormece el vaivén desordenado de palabras no dichas que componen el puzzle de los silencios, que tropezar puede ser la forma que siempre buscaste para aprender a andar sin tropiezos, que caer de cara sobre el fango puede darte una mirada nueva con que ver el cielo abierto después de haber llovido tanto adentro.

domingo, diciembre 28

Las palabras

En alguna ocasión una sola puede salvarte, pronunciada en el momento preciso, escuchada en la voz adecuada. A veces basta solo eso: escucharla de una voz que no tenga tu timbre.
Otras veces, el ruido que hace el mundo al tragarte no te dejará oír ninguna, todos sus ecos los silencia el vacío, todas sus fuerzas las apaga el silencio.
Se usan para herir y para abrazar, pueden ser bálsamo o daga, pueden ser duda y certeza.
Sirven para desnudarse y para abrigarse, para mostrarse y defenderse.
Sirven para crear pedestales y para desdibujar mitos, para convencer y para alejar.
Enarbolan banderas y matan, se apoderan de mentes y bocas, de sueños y caminos.
Se quedan pequeñas cuando el amor es tan grande o cuando el odio es tanto que no cabe.
Sirven para comer cabezas y para despertarlas.
Se confunden unas con otras, se tienden lentamente sobre el papel o se apresuran hacia el aire escapando de gargantas.
A veces con tres creas un mundo, otros días con un repertorio infinito no encuentras ninguna, porque la vida es siempre algo más.
Porque el amor inmenso no cabe en los diccionarios, porque el dolor apaga sus latidos al compás del tiempo, porque la amistad usa el lenguaje silencioso y certero de una presencia o una ausencia.
Hoy son estas, mañana quién sabe.
Las palabras.

domingo, septiembre 21

Solo y contigo

Estoy solo. Solo ante mis preguntas, solo ante ti que duermes sola a mi lado, solo conmigo ante mí.
Te hablo desde esa soledad inevitable que se gesta la primera vez que te preguntas por qué. Te digo todo esto con mirarte, con un lenguaje en el que sabemos lo que nos decimos, pero en el que son prescindibles las palabras para decirlo.
Estoy solo, solo ante el papel, solo ante esta pregunta interminable que es toda poesía, solo frente a tu amor, que me deja queriéndote a solas mientras tú, con esa sonrisa de presagio, tan cerca de mí, me repites ¿por qué?
Me pides una historia, una de esas historias que se cuentan con los dedos en silencio, recorriendo un camino que no arrastre ecos.Me pides una historia sabiendo de antemano que mis ojos son lo más parecido que tengo a una autobiografía, que en ellos guardo mil batallas. Aunque no hablen.
Al final, estoy solo ante ese destino extraño de parecerme a mis relatos porque los cuento yo.
Contarte... contarte, por ejemplo, que estamos solos al nacer, y solos al morir, aunque estemos rodeados.
¿Conoces esa nostalgia de las cosas que aún están aquí? Así, con ese silencio políglota que no necesita palabras vamos, lentamente, creando un lenguaje nuevo, para ir consiguiendo entendernos con vocablos nuevos, nuevas palabras que no pesen, que carezcan de historia, que simplemente te lleven lo que te quiero decir.

miércoles, septiembre 17

Pequeño mundo

A veces nos sentimos mundo, un mundo que se dilata hasta sentir que no cabe en el cuerpo, cierta premura por libar el sabor de vivir, otras veces nos sentimos ínfimos, como un suspiro leve en medio de una tormenta, como una hormiga en la hojarasca.
 A veces las palabras secuestran nuestra lengua y se vuelven infinitas, otras el diccionario se diluye en la bruma, y las palabras no existen.
A veces somos respuestas a las que luego hacemos preguntas, y otras, ciertas dudas de las que no sabemos dudar.

A veces somos miedo: cuando pequeños a sombras, historias, y sonidos; cuando mayores, en unas ocasiones al silencio, y en otras también al futuro, porque al contrario que nosotros se vuelve pequeño.

La espuma


Hay palabras solo audibles cuando el viento sopla a favor, ausentes en la zozobra, dormidas en la duda.
Hay abrazos que se pliegan cuando te desnudas, cuando lo que piensas no es tan dulce, cuando el momento no es el mejor, cuando la espuma vuelve caducas las eternas promesas.

lunes, septiembre 8

Rebelión disuelta

De esas mañanas en que el espejo, a la altura de los ojos, alza una mirada escrutadora que parece estar esperando que llegues y te reconozcas. De esas mañanas en que los ojos no están para preguntarse qué carajo expresan, si acaso a esta hora nomás están aún semisoñando, se miran, se ignoran, como desconocidos de hace tiempo.

 De esas mañanas de secreta rebelión contra lo cotidiano, rebelión ahogada con el agua que corre por la cara, disolviendo el desafío contra la rutina... hasta mañana.
Si no hay miedo a la distancia como concebir la certeza de un abrazo, si no hay tus besos, cómo concebir cierto anhelo en mis versos.

Lo ideal


Lo ideal sería que yo me desdoblara, que tú fueras esa parte de mí que para compensar los atardeceres prefiriese los charcos de lluvia. Pero tu ideal es tal vez que otras pupilas miren, junto a las tuyas, más gotas de invierno. Lo ideal sería que mi ideal no choque con el tuyo, y quizás más importante, que tu ideal no choque con el mío. Te hablo de después, de más allá de esta ciega fiebre inicial en que cualquier caricia es el amor, o más bien, parece el amor. Te hablo de ese tránsito inmediato e imperceptible en que ya sabemos si yo soy yo, si tú eres tú, o esas ilusiones de lo que esperábamos que cada uno fuera.

                    

Cambiar una letra (2)

No te miento si te digo que te siento. En el centro de aquí dentro. Podemos jugar a jurar que te quiero. A veces quererte como loco es cesar  de quererme un poco. Tensando como un arma loca lo que sigue pensando mi alma por mi boca: que me da valor tu calor. 

Buenas noches, dijo el sol

Bocas que piden consejo, son luego oídos que no te escuchan. Sus problemas son inmensos, los tuyos solo trabas. Cálmate, te dicen los inquietos, déjame te dicen los pesados, quiéreme te dice lo fácil, olvídame te dice lo que quieres. Buenas noches... dijo el Sol.

Cambiar una letra (1)

Siento, y no miento, que luego seré fuego, que quiero la miel de tu piel, que a veces huelo el suelo, al caer del cielo de tu mirada de hielo.  Me abraso buscando tu abrazo. Hoy sólo soy, dueño de un sueño, sólo eso sólo eco,  el rastro de mi voz nombrándote a vos. 

 Los recuerdos son espejos  de las cosas  como eran