lunes, agosto 7

Fue comenzar a escribirte
y asimilar que no
merecías poemas,
asi que en el quinto verso
 te abandoné.

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miércoles, abril 5



Se acerca el viaje.

Solo nombres de lugares cubiertos por mi dedo, que recorre un mapa de papel.

No me quedan martes por delante ni vuelta atrás.

Bajo la piel me llevo por muy lejos que vaya.

Corto en el tiempo y largo en la memoria.
No es tanto el tópico de buscarse uno mismo como el reencontrarse con facetas sedadas de uno, con preguntas amordazadas, con la asimilación de que no era tan difícil.
No vas a encontrar oro si no entras en el río, no conocerás mejor el paisaje leyendo sobre él.
Sin brújula ni cómplices de viaje.
Sin demasiado tiempo.
Sin prisa alguna.
Conocer gente de la que no sé nada y de la que nada traigo que saber.
Y es que para orientarse, a veces no hay mejor solución que la deriva, el exilio de lo pautado para escucharse un poco.
No habrá nada que no sepas, pero ahora sabrás de qué te sirve.
En algún recoveco encima del estómago se libra esa batalla entre suspense y decisión que siempre antecede a un viaje, una de las formas más sensatas de quererse.
Cámara y libreta.
Corazón y piernas.
Mucha música en dos pulgadas.
Mochila a la espalda y sin reloj.
Con lo que sé y con lo que ignoro cojo rumbo.
Con ganas y ese nervio que, mínimo de vez en cuando debe asaltarte, para no sentir que solo existes, citando a Wilde, sino que también estás vivo.

jueves, octubre 13





Bien pensado, dado lo breve que es nuestro tiempo y la de cosas que ignoramos, aburrirse carece de lógica.
Sin embargo inventamos ese verbo y lo practicamos.
Los incontables vericuetos de una sola persona bastarían para llenar una vida, los misterios de lo que realmente es todo aquello que parece ser.
Cada vez que lees un libro crece el número que asimilas pero no calculas de libros que te quedan por leer.
Todo lo que hay que ver, la de paisajes próximos y remotos que otros han contemplado y que son creados de nuevo cada vez que otros ojos los miran por primera vez.
La de curiosidades que quedan por saciar, la de inquietudes aún no conformadas, la de música que desconoces.

Solo en ganarle un poco de terreno a todo loque no tendremos tiempo de saber podríamos consumir más de mil vidas.
¿Por qué a esto le pusimos tal nombre y no otro?
¿Cuáles son las explicaciones de que ciertos extremos sean extremos y no líneas paralelas, orillas comunes?
Debiera ser suficiente lo incontable para que nuestro asombro no tuviese siquiera un suspiro de descanso.
Sabemos muy poco del espacio y esto es enorme comparado con los abismos no alcanzados del mar, podemos ver más claro estrellas lejanas como visión presente de algo que ya fue que las causas de por qué somos lo que somos ahora.

La Historia demuestra que es tan corta la vida que debiera ser sencillamente imposible tener tiempo para crear la rutina y adormecer la capacidad de asombro, es tan rápido el suspiro que no sé cómo hemos podido dar vida a la posibilidad de tener horas muertas.

jueves, octubre 6



Cuando algo es, en efecto, ese algo, decimos que no puede ser lo contrario.

Redundancia obvia.

Hasta ahí todo bien.

La verdad, sin embargo, presenta una doble ilusión. O digamos que dos (o más) vertientes igual de ciertas: puede estar presente aunque seas incapaz de verla y puede no ser cierta aunque no veas otra cosa.

Todo depende de tus ojos o de los míos, de tus adentros o de los míos, de lo que tú necesitas ver y lo que yo quiera obviar o viceversa, de tus nubes transitorias o mis euforias intransigentes.
Si me quieres junto al mar querré bañarme.
Si me dejas junto al mar, mirarlo me pondrá triste.
El mar es el mismo, la verdad la llevas tú.
O yo.
O ninguno.
O ambos.
La misma tormenta no es la misma para un paisajista que para un supersticioso, el mismo sol que tan bien sienta a tus ojos deja mi piel hinchada.
Incluso el tiempo, cuyo ritmo no cambia, parece dilatarse o diluirse según tus prisas o mi espera, según el ansia por que algo se vaya o el sin vivir esperando algo que llegue.
La verdad puede ser alguien pero con esas pegatinas sin las que ya no sabemos mirarlo, o con esa admiración ciega que nos vuelve sordos.
La verdad puede ser alguien a pesar de lo que digan.
La verdad puede ser otro a pesar de lo que dicen las palabras con las que vende lo que no es.
Un hombre recoge sus frutos en el mismo camino en que otro al tropezar comprueba lo dura que es la tierra, abriéndose las manos, la cabeza y el alma.
Ambos dicen la verdad.
La verdad es que el camino alberga sorpresas.
La verdad es que el camino deja heridas.
La verdad es que a la larga es el camino el que deja huellas sobre uno.
Y es quizá la forma y trazo de esas huellas lo que cada uno, sin saberlo del todo elige, para dibujar la verdad.


Y a veces la vida es eso: un ruido que no entiendes y al que intentas cazar el ritmo.

Un eco cuya voz persigues y no siempre percibes.

Una señal que solo después sabrás si era una señal.

Y a veces la vida es eso: saber esperar a pesar de ir comprendiendo mejor que a cada segundo pisamos más rápido el tiempo; querer despegar cuando los consejos en la espalda y el peso de los pies sobre la tierra te sujetan las alas.

Y a veces la vida es eso: percatarse de pronto.
Y a veces la vida es eso: no encontrar explicación.
"Quizás" es la palabra favorita del azar
.Cada andar que te cruzas es alguien infinito hacia detrás.


No puedo quererte con todo mi corazón,

pues entonces no dejaré corazón para quererme a mí.
Llegar a considerarte feliz supone siempre un éxito, pero alcanzar el éxito no implica necesariamente que puedas considerarte feliz.

 Los recuerdos son espejos  de las cosas  como eran