lunes, diciembre 28

Humo

Hay amistades que la distancia no rompe. Hay otras para las que no hace falta distancia, solo tiempo, que es otra acepción de la distancia.
Y quizá no es tanto que se rompa, sino que se va como vino, con el imperceptible susurro con el que una ilusión se desvanece.
Hay afectos que se disipan como estaciones, basta un poco de silencio para que el silencio se perpetúe .
Hay silencios que abren la boca en el momento oportuno, y promesas para las que el momento oportuno siempre halla una excusa. Hay compañías que solo te buscan cuando se quedan solas.
Hay fotos de tu vida que son solo eso: fotos, pasado, recuerdo. Algunos que siguen pero no los sientes estar, otros que no ves pero siguen, promesas y certezas, lealtad y cortinas de humo.
A veces de pronto sientes (aunque quizá no es de pronto) despoblados los lugares comunes, un ayer cansado de no añadir historias al ahora, el sentimiento vacío del aire donde te dijeron que habría un hombro, una mano, unas alas, música.
Es el tiempo el que te dicta, en la amistad, quiénes son finalmente tus compañeros de viaje y qué paradas son solo estaciones de paso.

domingo, julio 12

Una noche


23:38. Avenida de la Trinidad. Huele a hoguera, pero juro que no soy yo.

Llevo papel encima y voy a escribir lo que salga, que no será otra cosa que lo que ocurra, restando todo aquello que no percibimos suceder en lo que sucede.

Directo a casa, aunque no sería la primera noche que llego a un sitio dirigiéndome a otro.

Hoy no será.

¿Quién sabe?

No, hoy no será.

Me siento dándole la espalda al lugar hacia el que voy, dejando frente a mí el lugar que dejo atrás.

Sin duda un tipo raro. Papeles doblados en cuatro en el bolsillo de atrás. Los desenvuelve y se pone a escribir.

Lo normal sería encender el teléfono y compartir un ruido enlatado mal llamado música con todo el pasaje.

Tiene que aparecer, tiene que aparecer, no puede dejar sin su presencia este guión.

Arrancamos. De momento mis oídos descansan.

Se sube una amiga. Si no hubiese subido a lo mejor yo no habría estado escribiendo. Y a mí, que no soy muy creyente de la casualidad este tipo de dilemas me joden un poco.

Se sienta. Hablamos. Y no es que “pongamos”, sino que en efecto hablamos de Madrid.

Lo bueno de la literatura es que puedo adornar con cierta belleza los barrios sin gracia que voy dejando atrás. Pero no los adorno. La noche no me deja.

Desde que se subió mi amiga, este texto dejó de estar escrito en presente inmediato.

Lo retomo al bajarse ella. Es de mala educación escribir mientras te hablan.

Vuelvo a mi papel de tipo raro.

No se ha subido ningún entusiasta del perreo, ningún adorador del maullido sintetizado. Cada vez que uno aparece, aunque sea por primera vez, tengo la impresión de estar viéndolo por enésima ocasión. No distinguiría a uno de otro. Afirmaría, incluso, que es el mismo de ayer. O el molde lo hicieron las mismas manos.

Sospecho que mantienen una sociedad secreta y se turnan. Con menos miembros empezaron algunas religiones.

Y yo es que odio pensar en moldes, en etiquetas. Pero ya ven, a esta hora mi cabeza está más con Morfeo que con las Musas y tiro por lo fácil.

Peinado entre Elvis, Sid Vicious y Daniel Day – Lewis en El último mohicano.

Cara de dos cosas: de estar perdido y de convicción de estar en el camino correcto. Contradicciones humanas. Que utópica se me antoja a veces la empatía.

No siempre encuentras en el mapa al otro para ponerte en su lugar.

El que está fuera de tiempo soy yo. Claro, yo es que crecí con Pearl Jam, The Smashing Pumpkins, Queen, Silvio, Beethoven.

La música. Estados de ánimo, dicen. Pero en mi repertorio anímico no hay lugar para ese ruido.

Si alguien venía en tu dirección por la misma acera, uno se hacía a un lado y el otro al opuesto. Respetaba del otro su espacio y su silencio .

A lo mejor leer (esa actividad tan rara) me enseñó algo. Por lo menos lo justo. No lo sé. También hay gente muy leída poseedora de una extensa coprolalia. Hay de todo sí, pero a veces da la impresión de que hay mucho de lo mismo. Será que esto es pequeño. Será que yo también.

A pesar de mis intenciones, al final me ha salido un texto de lo que no sucedía, dedicado al que sin duda hubiera sido el personaje estrella(do) de un guión previsto.

Y ahora, rompiendo otra vez el hilo del presente, voy a escribir sobre el futuro, pero un futuro tan inmediato, tan estrechamente cercano, que no cabe siquiera un sueño.

Voy llegando a mi parada, y aún no he adquirido la paciencia para escribir caminando.

Al terminar el puente sigue una calle. A mitad de esa calle vivo yo.

Voy de camino a casa. Pues esta noche no será.

Quizás por un capricho de la memoria de volverse cíclica uno acaba por olvidar los matices de la calle que más repite.

Si me preguntasen mañana poco podría decir acerca de qué hay en cada esquina. No sé si venden flores, almas o promesas. Tal vez huele a pan, pero yo he olvidado apreciarlo al pasar.

No corregiré nada. Lo pasaré a estas pantallas por las que hoy leemos (yo el primero) y ahí se queda. Como todos esos rostros que han pasado, se han sentado y han vuelto a marcharse como si no hubieran estado nunca, de ahora en adelante jamás conscientes siquiera de que nos hemos olvidado.

Buenas noches. Cuando leas esto será ya mañana.

Ya habrá más hogueras.

En fin.
Los miedos no se eligen, pero se erigen





Nuestro cuerpo es la porción de espacio que ocupamos en el tiempo.

sábado, enero 3

Parpadeo


El momento oportuno no espera ni avisa: sucede o se esfuma.

Los planes premeditados naufragan.

Al final la vida sucede como quiere. No importa que pienses que estaba escrito, o que simplemente pasa porque pasa. Dan igual tus posibles credos o tu asumido escepticismo. No importa que creas en el destino o en el azar,en dioses o fantasmas, no importa siquiera que no creas en nada

Si pasó tenía que pasar, si no pasó no habrá recuerdo... Y no pudiendo cambiar lo sucedido, cómo ibas a cambiar lo que nunca ocurrió.

domingo, diciembre 28

Las palabras

En alguna ocasión una sola puede salvarte, pronunciada en el momento preciso, escuchada en la voz adecuada. A veces basta solo eso: escucharla de una voz que no tenga tu timbre.
Otras veces, el ruido que hace el mundo al tragarte no te dejará oír ninguna, todos sus ecos los silencia el vacío, todas sus fuerzas las apaga el silencio.
Se usan para herir y para abrazar, pueden ser bálsamo o daga, pueden ser duda y certeza.
Sirven para desnudarse y para abrigarse, para mostrarse y defenderse.
Sirven para crear pedestales y para desdibujar mitos, para convencer y para alejar.
Enarbolan banderas y matan, se apoderan de mentes y bocas, de sueños y caminos.
Se quedan pequeñas cuando el amor es tan grande o cuando el odio es tanto que no cabe.
Sirven para comer cabezas y para despertarlas.
Se confunden unas con otras, se tienden lentamente sobre el papel o se apresuran hacia el aire escapando de gargantas.
A veces con tres creas un mundo, otros días con un repertorio infinito no encuentras ninguna, porque la vida es siempre algo más.
Porque el amor inmenso no cabe en los diccionarios, porque el dolor apaga sus latidos al compás del tiempo, porque la amistad usa el lenguaje silencioso y certero de una presencia o una ausencia.
Hoy son estas, mañana quién sabe.
Las palabras.

jueves, diciembre 18

Noche y día tic-tac,
el día y la noche
tac-tic-tac-tic-tac,
memorias,
sed de que el tiempo
pase por alto
que nos fundimos…
que nos esquive:
no diremos nada
si nos deja tranquilos,
porque nada más importa…
ahora.

Ahora sólo hay tu pelo
mis-dedos-tu-piel,
hundirme en tu cuerpo,
 dormir en tu pecho,
que tic mande a tac,
de una vez ,
al carajo. 

miércoles, diciembre 17

Viviendo tranquilamente
con reinas momentáneas,
hasta que lo colmas todo
con tu mirada de princesa,

pidiendo quedarse.
Será siempre un sosiego
a cualquier ritmo loco
pensar en ti.

Será una tregua
 del silencio

cuando suspires.
Mi primer recuerdo
es un laberinto,
que el tiempo me descubre
como un jardín.

Mi primer llanto
fue romper un abismo
que abarca el instante
de una fotografía.

Mi primer sueño
ha procreado,
mi primera duda
me ha guiado.

Mis primeras alas
fueron de plomo,
mi primer amor
fue una respuesta.

jueves, diciembre 11

Amo tus ojos,
no ya por bellos o infinitos
sino porque desde sus adentros
eres tú quien me mira.

Amo tu piel,
no ya por los pliegues que aún ignoro
sino porque tiemble o me abrace
dentro habitas tú.

Amo las cosas,
cuando las pronuncias
y me quiero más
si estás tú.

domingo, septiembre 21

Solo y contigo

Estoy solo. Solo ante mis preguntas, solo ante ti que duermes sola a mi lado, solo conmigo ante mí.
Te hablo desde esa soledad inevitable que se gesta la primera vez que te preguntas por qué. Te digo todo esto con mirarte, con un lenguaje en el que sabemos lo que nos decimos, pero en el que son prescindibles las palabras para decirlo.
Estoy solo, solo ante el papel, solo ante esta pregunta interminable que es toda poesía, solo frente a tu amor, que me deja queriéndote a solas mientras tú, con esa sonrisa de presagio, tan cerca de mí, me repites ¿por qué?
Me pides una historia, una de esas historias que se cuentan con los dedos en silencio, recorriendo un camino que no arrastre ecos.Me pides una historia sabiendo de antemano que mis ojos son lo más parecido que tengo a una autobiografía, que en ellos guardo mil batallas. Aunque no hablen.
Al final, estoy solo ante ese destino extraño de parecerme a mis relatos porque los cuento yo.
Contarte... contarte, por ejemplo, que estamos solos al nacer, y solos al morir, aunque estemos rodeados.
¿Conoces esa nostalgia de las cosas que aún están aquí? Así, con ese silencio políglota que no necesita palabras vamos, lentamente, creando un lenguaje nuevo, para ir consiguiendo entendernos con vocablos nuevos, nuevas palabras que no pesen, que carezcan de historia, que simplemente te lleven lo que te quiero decir.

 Los recuerdos son espejos  de las cosas  como eran