jueves, octubre 6



...y nos dispersamos.

Siguiendo el tren de vida que hace que la vida se nos vaya en tren.

A ver si nos vemos.

Un día quedamos.

Y sabemos lo que es perdernos cuando volvemos a encontrarnos y nos decimos sin palabras, con una confirmación ansiada por los ojos, cuánto has cambiado pero sigues siendo tú.
Alguna cana, progenie o su ausencia, el pasado que nos ha crecido, distintas rutinas creadas para despistar a la sensación de rutina.
Y es que lo sabemos, pero como esas cosas que de tanto saberlas dejamos de pensarlas detenidamente, lo mejor del camino (de lo peor no vamos a hablar ahora) es la gente, los compañeros de huella.
Pero es que el camino se ensancha, trazado a veces según la forma de los moldes.
Y es fácil perderse, ir dejando que lo realmente importante se pueda postergar por lo obligatorio, y quizás pensar con esto que deberíamos tomarnos como obligatorio, lo realmente importante.
Grabarnos a fuego una ley que prohíba los intervalos demasiado largos con que distanciar los reencuentros.

Para poder usar como armas tus debilidades, primero las has de reconocer, identificar, traer a este lado del espejo, y así quizá dejen de ser solo defensas.

lunes, junio 6

Lo más probable es que no volvamos a vernos jamás. Y si lo hacemos volveremos a vernos por primera vez. Sé que no voy a acercarme a ti porque sé que no va a sonar música de fondo. En dos o tres paradas este viaje llegará a su fin. No recordarás en dos minutos que había  en el vagón alguien escribiendo en una libreta. Nuestros ojos se cruzaron un tiempo tan breve que tardaron aun menos en olvidarse. Poco después de ahora, cuando lea estas palabras que entonces no recordaré haber escrito....
Y ahora vengo a descubrir que a veces los oídos son más precisos que los ojos para ver al otro, que una mano en el hombro, a tiempo, adormece el vaivén desordenado de palabras no dichas que componen el puzzle de los silencios, que tropezar puede ser la forma que siempre buscaste para aprender a andar sin tropiezos, que caer de cara sobre el fango puede darte una mirada nueva con que ver el cielo abierto después de haber llovido tanto adentro.
Alguna que otra mañana parece que tus ánimos se quedan durmiendo mientras tú ya has comenzando a andar, conociendo hacia dónde, ignorando por qué.
Alguna mañana, no sabes si por prisa, sales al mundo aún con la noche en tu interior, con demasiada pereza como para correr y mucho sueño como para vivir, con demasiada extrañeza como para preguntarte y demasiado silencio como para buscar respuestas, con esa sensación de ser un bocado para el mundo. Vas a gritar y tu garganta se ha vuelto muda, quieres huir y tus cadenas son lo que quedó de tus alas.
Pero cuando deja de obsesionarte el horizonte es cuando te das cuenta que en realidad ya has llegado y lo único que ha ocurrido es que has dejado dormir tu paciencia.

lunes, diciembre 28

Humo

Hay amistades que la distancia no rompe. Hay otras para las que no hace falta distancia, solo tiempo, que es otra acepción de la distancia.
Y quizá no es tanto que se rompa, sino que se va como vino, con el imperceptible susurro con el que una ilusión se desvanece.
Hay afectos que se disipan como estaciones, basta un poco de silencio para que el silencio se perpetúe .
Hay silencios que abren la boca en el momento oportuno, y promesas para las que el momento oportuno siempre halla una excusa. Hay compañías que solo te buscan cuando se quedan solas.
Hay fotos de tu vida que son solo eso: fotos, pasado, recuerdo. Algunos que siguen pero no los sientes estar, otros que no ves pero siguen, promesas y certezas, lealtad y cortinas de humo.
A veces de pronto sientes (aunque quizá no es de pronto) despoblados los lugares comunes, un ayer cansado de no añadir historias al ahora, el sentimiento vacío del aire donde te dijeron que habría un hombro, una mano, unas alas, música.
Es el tiempo el que te dicta, en la amistad, quiénes son finalmente tus compañeros de viaje y qué paradas son solo estaciones de paso.

domingo, julio 12

Una noche


23:38. Avenida de la Trinidad. Huele a hoguera, pero juro que no soy yo.

Llevo papel encima y voy a escribir lo que salga, que no será otra cosa que lo que ocurra, restando todo aquello que no percibimos suceder en lo que sucede.

Directo a casa, aunque no sería la primera noche que llego a un sitio dirigiéndome a otro.

Hoy no será.

¿Quién sabe?

No, hoy no será.

Me siento dándole la espalda al lugar hacia el que voy, dejando frente a mí el lugar que dejo atrás.

Sin duda un tipo raro. Papeles doblados en cuatro en el bolsillo de atrás. Los desenvuelve y se pone a escribir.

Lo normal sería encender el teléfono y compartir un ruido enlatado mal llamado música con todo el pasaje.

Tiene que aparecer, tiene que aparecer, no puede dejar sin su presencia este guión.

Arrancamos. De momento mis oídos descansan.

Se sube una amiga. Si no hubiese subido a lo mejor yo no habría estado escribiendo. Y a mí, que no soy muy creyente de la casualidad este tipo de dilemas me joden un poco.

Se sienta. Hablamos. Y no es que “pongamos”, sino que en efecto hablamos de Madrid.

Lo bueno de la literatura es que puedo adornar con cierta belleza los barrios sin gracia que voy dejando atrás. Pero no los adorno. La noche no me deja.

Desde que se subió mi amiga, este texto dejó de estar escrito en presente inmediato.

Lo retomo al bajarse ella. Es de mala educación escribir mientras te hablan.

Vuelvo a mi papel de tipo raro.

No se ha subido ningún entusiasta del perreo, ningún adorador del maullido sintetizado. Cada vez que uno aparece, aunque sea por primera vez, tengo la impresión de estar viéndolo por enésima ocasión. No distinguiría a uno de otro. Afirmaría, incluso, que es el mismo de ayer. O el molde lo hicieron las mismas manos.

Sospecho que mantienen una sociedad secreta y se turnan. Con menos miembros empezaron algunas religiones.

Y yo es que odio pensar en moldes, en etiquetas. Pero ya ven, a esta hora mi cabeza está más con Morfeo que con las Musas y tiro por lo fácil.

Peinado entre Elvis, Sid Vicious y Daniel Day – Lewis en El último mohicano.

Cara de dos cosas: de estar perdido y de convicción de estar en el camino correcto. Contradicciones humanas. Que utópica se me antoja a veces la empatía.

No siempre encuentras en el mapa al otro para ponerte en su lugar.

El que está fuera de tiempo soy yo. Claro, yo es que crecí con Pearl Jam, The Smashing Pumpkins, Queen, Silvio, Beethoven.

La música. Estados de ánimo, dicen. Pero en mi repertorio anímico no hay lugar para ese ruido.

Si alguien venía en tu dirección por la misma acera, uno se hacía a un lado y el otro al opuesto. Respetaba del otro su espacio y su silencio .

A lo mejor leer (esa actividad tan rara) me enseñó algo. Por lo menos lo justo. No lo sé. También hay gente muy leída poseedora de una extensa coprolalia. Hay de todo sí, pero a veces da la impresión de que hay mucho de lo mismo. Será que esto es pequeño. Será que yo también.

A pesar de mis intenciones, al final me ha salido un texto de lo que no sucedía, dedicado al que sin duda hubiera sido el personaje estrella(do) de un guión previsto.

Y ahora, rompiendo otra vez el hilo del presente, voy a escribir sobre el futuro, pero un futuro tan inmediato, tan estrechamente cercano, que no cabe siquiera un sueño.

Voy llegando a mi parada, y aún no he adquirido la paciencia para escribir caminando.

Al terminar el puente sigue una calle. A mitad de esa calle vivo yo.

Voy de camino a casa. Pues esta noche no será.

Quizás por un capricho de la memoria de volverse cíclica uno acaba por olvidar los matices de la calle que más repite.

Si me preguntasen mañana poco podría decir acerca de qué hay en cada esquina. No sé si venden flores, almas o promesas. Tal vez huele a pan, pero yo he olvidado apreciarlo al pasar.

No corregiré nada. Lo pasaré a estas pantallas por las que hoy leemos (yo el primero) y ahí se queda. Como todos esos rostros que han pasado, se han sentado y han vuelto a marcharse como si no hubieran estado nunca, de ahora en adelante jamás conscientes siquiera de que nos hemos olvidado.

Buenas noches. Cuando leas esto será ya mañana.

Ya habrá más hogueras.

En fin.
Los miedos no se eligen, pero se erigen





Nuestro cuerpo es la porción de espacio que ocupamos en el tiempo.

sábado, enero 3

Parpadeo


El momento oportuno no espera ni avisa: sucede o se esfuma.

Los planes premeditados naufragan.

Al final la vida sucede como quiere. No importa que pienses que estaba escrito, o que simplemente pasa porque pasa. Dan igual tus posibles credos o tu asumido escepticismo. No importa que creas en el destino o en el azar,en dioses o fantasmas, no importa siquiera que no creas en nada

Si pasó tenía que pasar, si no pasó no habrá recuerdo... Y no pudiendo cambiar lo sucedido, cómo ibas a cambiar lo que nunca ocurrió.

domingo, diciembre 28

Las palabras

En alguna ocasión una sola puede salvarte, pronunciada en el momento preciso, escuchada en la voz adecuada. A veces basta solo eso: escucharla de una voz que no tenga tu timbre.
Otras veces, el ruido que hace el mundo al tragarte no te dejará oír ninguna, todos sus ecos los silencia el vacío, todas sus fuerzas las apaga el silencio.
Se usan para herir y para abrazar, pueden ser bálsamo o daga, pueden ser duda y certeza.
Sirven para desnudarse y para abrigarse, para mostrarse y defenderse.
Sirven para crear pedestales y para desdibujar mitos, para convencer y para alejar.
Enarbolan banderas y matan, se apoderan de mentes y bocas, de sueños y caminos.
Se quedan pequeñas cuando el amor es tan grande o cuando el odio es tanto que no cabe.
Sirven para comer cabezas y para despertarlas.
Se confunden unas con otras, se tienden lentamente sobre el papel o se apresuran hacia el aire escapando de gargantas.
A veces con tres creas un mundo, otros días con un repertorio infinito no encuentras ninguna, porque la vida es siempre algo más.
Porque el amor inmenso no cabe en los diccionarios, porque el dolor apaga sus latidos al compás del tiempo, porque la amistad usa el lenguaje silencioso y certero de una presencia o una ausencia.
Hoy son estas, mañana quién sabe.
Las palabras.

 Los recuerdos son espejos  de las cosas  como eran