martes, septiembre 9

Atlas


Te obstinas con frecuencia en cargar el peso de las nubes sobre tus hombros, en separar el cielo que contemplas de la tierra que pisas, y confundir, por tanto, caer con volar, querer con soñar.

Has nacido mil veces para vivir y morir solo una, has sido capaz de llenar horas con vacío y segundos con perennidad, has roto el hielo y has temblado de frío para aprender que lo único que no se consume es el tiempo que nos consume. Incluso las estrellas que miras ya dejaron de estar, incluso el presente está dejando de suceder, incluso estas palabras que leerás siempre ahora, ya fueron escritas.

Apenas renglones

Lo bueno de lo malo es que el tiempo pasa; 
lo malo de lo bueno es que el tiempo vuela. 







Me abruma lo que se me acerca tanto como me atrae lo que se me resiste.

Droga

Tu cuerpo es droga,
me seduce, me atormenta,
me desvela, me alimenta.
Tu cuerpo es duda,
me huye, me invade,
me ciega, me evade.
Tu cuerpo es mío,
 tu alma del ayer

Cierta melancolía

Sin ayer no eres nada, pero solo de ayer no se puede vivir. Tal vez no tenga mucho futuro un presente que se sustenta únicamente en vivencias comunes si no hay experiencias nuevas. Quizá se va diluyendo el entusiasmo mientras revuelves cajones cerrados si no comienzas a llenar cajones vacíos con probables recuerdos para el mañana, si empiezas a asimilar que ya las palabras cuestan, que los silencios se eternizan, que las almas gemelas se han vuelto irreconocibles, que los caminos que tanto se cruzaban siguen llevando al mismo fin, pero se han vuelto líneas paralelas.
Sabes que sentir no se fuerza, sabes que no puedes anclarte a nada ni a nadie pensando solo en todo lo vivido en común si ya no sientes estar viviendo nada (como si caminaras por un hilo que siempre conduce a una vuelta atrás ), si ya has dejado de reconocerte en algunas voces reconocibles, en miradas que antes bastaban y que ahora son bocas mudas.

Sabes que sentir no se fuerza, que a veces desearías evitarlo, y también que tantas veces pensar con la cabeza es engañarte si la sensación sigue siendo más fuerte que todo aquello que te repites: que hay presencias que se han vuelto ausentes, que hay nombres a los que solo te unen historias del pasado, y que no puedes vivir solo de eso, de retomar continuamente recuerdos, de tener un ayer en común, si sientes que ya no hay nada en común.

Contradicciones

¿Cuántas veces al tomar distancia
viste el por qué de las cosas más cerca?
Y a veces el cómo.

¿Cuántas veces quebraste
al nombrarlo el silencio?
Y a veces el miedo.

¿Cuántas veces tu cabeza
se nubló de corazón?
Y a veces de prisa.

¿Cuántos ojos 
te hablaron tanto?

¡Y cuántas veces!

Una estación

Nuestra propia memoria juega al escondite con nosotros. Dentro de un hueco hay otro hueco, y dentro de este mil cajones repletos de olores, canciones y fotografías. Y hoy sales tú, sin tu nombre que se ha ido, con tu mirada azul y una rebeca gris que quizás nunca fue gris. Resulta extraño comprobar cómo en la memoria dibujamos los rostros empezando siempre por las miradas.
  Nunca nos veremos otra vez, o quizás en otra estación cualquiera no nos reconozcamos, tal vez entonces pasemos de largo, sin tentarnos a parar.
Puede que no, que en un instante nos miremos a los ojos y nos agite esa sensación de que esos ojos se han mirado antes, pero no más.

Principio de verano, recién nacido siglo, algún lugar de Escocia. Desconozco en que cajón de mi memoria residen tus ojos, ignoro que estímulo les ha dado vida, por qué hoy, que no hay nada evocador, regresas a mi recuerdo, para irte otra vez a dormir durante un tiempo indefinido, como te fuiste todo estos años, como dos seres que se encuentran cuando se buscaban a sí mismos y siguen de largo, cada uno en su tren, cada uno hacia su próxima estación. 
O tal vez quedarnos un día más.
Porque tus ojos me seducen, porque mis ojos te tientan.


Mirar la tarde

Colgaste de las paredes fotografías que luego apenas mirarías. 
Y sin embargo notabas su hueco apenas faltaban, 
como si entre respirar y respirar te faltara un latido, 
como todo lo que no percibes estar pero cuya ausencia se nota al instante.
Y ahora te vas, y comprendes que tal vez estaban ahí para detonar en el presente instantes que guardados dormían en cada entonces, y asimilas todo lo que puebla el hueco que dejan en las paredes, ese contraste con las franjas de pared desnuda que ahora descubres que se han vuelto amarillas, del humo, de la vida, de tantas veces mirarlas sin verlas, de tantas otras perderte en sus paisajes que siempre son paisajes de algún ayer.
 Y ahora te vas, y descubres que irse es volver a llenar los cajones de aire, dejar que el polvo reconquiste su imperio silencioso, cerrar la puerta y partir en busca de otra ventana desde la que mirar la tarde.
El tiempo hará como si no hubieras estado aquí, llenará el territorio de las paredes con a desnudez otras risas, con otros sueños, con otras nostalgias que se descuelgan solas,, dibujará en la baranda la silueta de otro alguien que mira la misma tarde que es otra.

Quizás esa es la imagen del presente: la silueta de alguien que sin prisa mira la tarde, sea ahora, sea mañana, o sea en una de esas fotografías que siempre hablan de ayer, que solas se descuelgan de las paredes recordándote que quizás este instante sea también una fotografía que mañana mirarás mientras se duerme la tarde.


Sé más grande


que tu amor,


nunca


más pequeño.


Espero que no sea


tarde cuando lo entiendas,


espero que no me des


la razón nunca.


























Desnudarse es vestirse de cuerpo.

Un paso en la lluvia

Sombra que se diluye,
 tragada por tus propios pasos
 que ondean la calma de un
pequeño mar de lluvia

Viseras contra el brillo de la luna

No hay nada más peligroso que la ignorancia activa - Göethe

Hay ahora una tendencia juvenil a convertirse en perdonavidas, a dejar por donde quiera que vayan la noticia de su llegada, hay una costumbre creciente a ser hormigas en soledad y verdugos en compañía,  a llevar peinados que parecen inspirados en esos garabatos que en el colegio dibujaban los niños que, aunque no lo sepan, aún no han dejado de ser, sin razón, sin cultura ni cordura, sin madurez.
Son los aniquiladores del respeto, del silencio, les gusta hacer saber al prójimo qué música llevan en todo momento en sus cohetes de cuatro ruedas, buscando la semilla de la violencia gratuita en una simple mirada, en un simple gesto, en simplemente ir andando y... pasar por la calle que es de ellos.
Un día retarán a la lluvia porque moja, al viento porque se lleva sus gorras, su emblema, su amuleto, al cielo porque es azul, y si no porque es negro. Son como abejas que aisladas del enjambre pierden su aguijón, si una se posa sobre ti, vendrán todas detrás, sin saber, sin preguntar.
Buscan, siempre, estar con alguien para ser alguien, les está prohibida cualquier palabra que pueda delatar un atisbo de belleza, de poesía, de amistad, de amor, son el eslabón perdido de una educación que los que nacimos un poco antes mayoritariamente conservamos,  y su forma de ser ya se ha convertido en una forma de vivir, de actuar de hablar, de caminar por un mundo que creen suyo y que un día se desmoronará, entonces sus viseras no podrán defenderles del brillo de la luna.
Sólo espero que sea esta la primera y última vez que mis palabras les

dedican su aire, su tinta, su tiempo.

 Los recuerdos son espejos  de las cosas  como eran